martes, 25 de octubre de 2016

Excursión al ayuntamiento y al Museo de Navarra




Las líneas y la perspectiva puede hacer que un mismo elemento cambie de forma extraordinaria.

Con esta experiencia he aprendido que la posición y la imaginación de uno a la hora de hacer fotografías nos permite hacer una inmensidad
de realidades.
Cómo un contraluz y unas líneas hace que veamos una puerta con diferentes ojos.


Me planteé guiarme por las líneas del ayuntamiento y de las diferentes posiciones que yo escogía para ver cómo un edificio puede "cambiar" su forma de una fotografía a otra.



Podemos ver la diferencia de la misma puerta, en concreto el arco superior de la puerta, cómo cambia una fotografía respecto a la otra solamente porque una está hecha a contra luz y la otra no.

También hicimos pruebas con un vallado de fiestas que estaba ahí. Pudimos comprobar que dependiendo de la perspectiva que le demos a nuestra fotografía y del uso que hagamos de las líneas de los propios tablones, podemos crear sensaciones muy distintas.

                

Después fuimos al Museo de Navarra. Pudimos disfrutar de unas vistas preciosas de Pamplona en la terraza.

Después de relajarnos con estas vistas, nos dirigimos directamente a la planta donde se encontraban los cuadros: El Retrato del Marqués de San Adrián, pintado por Francisco de Goya. Y en especial hablamos de;  El Viático en la montaña Navarra. El baztán" (1917), de Javier Ciga. 

Este cuadro al igual que el Retrato del Marqués de San Adrián me llamaron mucho la atención por la sensación que da la luz, parece que están iluminados por algún foco.


Fue una experiencia muy relajante y distinta. La finalizamos probando la velocidad de la cámara, haciendo que nuestro profesor "parezca" un fantasma:


lunes, 3 de octubre de 2016

¡Precioso!

Es curioso, normalmente no nos damos cuenta de las pequeñas cosas que nos pasan un día cualquiera. Eso que aparentemente es insignificante es lo bello del día a día. 

En un principio pensé en elegir un día especial para realizar esta práctica. Un día distinto a mi rutina, así tendría más opciones a la hora de escribir. Pero, ¿porque un día como otro cualquiera no es especial?
Me hice esta pregunta. Quería mostrar algo novedoso y curioso en esta práctica, ¿un día cualquiera de mi rutina no es novedoso para otra persona? Me dio la sensación de que no estaba valorando mi día a día, así que decidí escoger un día tan normal como otro cualquiera. 

Viernes 30 de septiembre. Me levanto, me visto, desayuno… todo normal, como siempre. Cojo el coche y me dirijo a la universidad. Llevo la cámara en el asiento del copiloto y aunque no puedo hacer la foto me fijo en una pequeña bandada de pájaros. Algo tan cotidiano y simple como unos pájaros no me suele llamar la atención, pero ese día sí. Observé pensativa qué bonita era la simpleza de lo que estaba viendo; un cielo totalmente azul, sin una sola nube, y ahí, un pequeño grupo de pájaros, no más de 8. Parecía un banco de peces en el mar. 
¡Precioso!

Estoy en la universidad, es un viernes normal, ¡por fin viernes! Llega el descanso de la asignatura y se me queda grabada una imagen, cotidiana como la que más. Mi grupo de guión. Nos habíamos reunido en las escaleras de clase, los 5, en dos peldaños. Habíamos formado, sin darnos cuenta, un círculo. Hablábamos de nuestro trabajo, hablábamos en equipo, nos escuchábamos unos a otros, planeando cual es el siguiente paso que debíamos dar. 
¡Precioso!

Llego a mi pueblo y les hago una visita a mis abuelos antes de ir a casa. Como todos los días. Pero este viernes fotografío instantes. Entro a la cocina y ahí están, como todos los días a las 2 y media del medio día. Mi abuela se aparta del plato, se limpia la boca para darme un beso y me dice lo guapa que estoy. Mi abuelo me grita: ¡Hombre!, como todos los días. Y mi tía me pregunta por la universidad. 
Cotidianidad. ¡Precioso!

Es viernes, como todos los viernes toca ver a mi amiga “trabajadora”. Digo trabajadora porque de lunes a jueves no nos podemos ver por el trabajo de esta. Lo importante es estar juntas, como todos los viernes y fin de semana. ¿Qué plan? le pregunto el día anterior. Te voy a llevar a La Rioja a ver las vacas. ¡A la Rioja se ha dicho! Me subo en el coche de mi amiga “trabajadora”, nos damos dos besos, ella pone la música y yo fotografío el instante. 
Amistad. ¡Precioso!

La verdad es que siempre que vamos a “ver vacas” lo que hacemos es comer pipas y beber cañas. Así que, como un día cualquiera, hacemos unos cuantos kilómetros para “ver las vacas”. Yo hago una “fotografía” al instante: las dos sentadas en un pequeño escalón de un portal, a metro y medio del vallado, “viendo las vacas” mientras tiramos las cáscaras al suelo y hablamos de todo. 
Vacas. ¡Preciosas!

Podría elegir unas cuantas fotografías más que recuerdo, pero hay una en especial que me gustaría contar. Todo el mundo tiene buenos recuerdos del verano, en mi caso (y en el de mis amigas) una de las señales de que es verano (que nos recuerda al verano) es el bingo. Sí, jugar al bingo en el pueblo. En distintos pueblos. A todos los pueblos que hemos ido este verano hemos jugado al bingo. Es como un signo de que el verano sigue. Pues bien, esta es la última foto que guardo como especial del viernes; se nos acerca un desconocido ofreciéndonos (junto a su niña) unos cartones de bingo. Nosotras nos miramos, sonreímos. ¿Parece ser que el verano dura y dura?
Verano. ¡Precioso!